Un puesto en la estructura organizacional no garantiza liderazgo. La coherencia, la integridad y la claridad en el rumbo son algunas de las características que definen a un líder.
*Por Patricia Bargués

Un líder se caracteriza porque tiene un propósito relacionado con el ser, no
una ambición relacionada con el tener. Éste ve en su equipo personas con
capacidades y talentos valiosos que aportan al propósito que construyen en
conjunto.
Su equipo se siente escuchado y respetado, se siente parte de un todo del que
el jefe es la cabeza. Un líder, lo es, en la medida que no teme desaparecer en
la colaboración de su gente. "Cuando un jefe no conversa, no escucha y no
abre espacios para la coparticipación, se pierde el fluir mismo de la
empresa", afirma el filósofo chileno Fernando Flores, agregando que los
líderes deben aprender a coordinar los deseos de las personas que componen la
organización, pero no desde la obediencia sino desde el placer de la colaboración.
Como indican distintos especialistas en la temática, los auténticos líderes no
se distinguen por su talento innato o su dominio técnico, sino por su capacidad
de inspirar en otros energía, pasión y entusiasmo. Inspiran a los demás desde
el ejemplo de su comportamiento diario, acorde a lo que dice que piensa y a lo
que efectivamente piensa. La coherencia, la integridad y la claridad en el
rumbo hacen que un jefe sea líder.
En un artículo anterior sobre liderazgo ,
había explicado que un líder no tiene posibilidad de éxito si primero no ha
trabajado a nivel personal, en su autoconocimiento y autogestión. Esto se
refleja en las competencias personales de la Inteligencia Emocional:
- Desarrollo la conciencia de uno mismo o autoconocimiento, que
implica estar permanentemente en contacto con lo que es importante para uno y
saber cuan cerca o lejos estamos de eso que valoramos.
Esa diferencia entre lo que nos importa y lo que tenemos es la que nos ayuda a
fijar nuestro propio norte, nuestro propósito.
- Perfeccionamiento de las habilidades de auto-gestión para
controlar nuestras emociones. Es necesario tomar consciencia de nuestras
emociones para no proyectarlas en los colaboradores. Y, una forma de hacerlo,
es tomando contacto con ellas, aceptándolas, entendiendo el mensaje que nos
transmiten, para no quedarnos en la emoción y poder planificar las acciones
adecuadas. No se trata de reprimirlas, sino de incorporarlas a nuestro camino
para lograr el objetivo.
- Transparencia, sinceridad e integridad. Generalmente confundimos
transparencia con sinceridad, y ser transparente es más que eso. Es animarse a
exponer nuestras creencias, nuestra forma de ver las cosas, presentar el
encadenamiento lógico de nuestras opiniones y certezas. Transparencia es
también aceptar nuestros errores y no consentir conductas poco éticas.
La sinceridad es tomar compromisos con la voluntad, capacidad y recursos para
cumplirlos. Y honrar esos compromisos nos hace íntegros.
- Adaptabilidad y flexibilidad. Implica hacer frente a situaciones
muy diversas y cambiantes sin perder la concentración. Un líder flexible se
adapta rápidamente a los cambios y no tiene problemas para cambiar de opinión
cuando así lo exigen los nuevos datos o nuevas situaciones en la organización.
- Motivación para satisfacer criterios internos de excelencia. Un
rasgo que distingue esta competencia es el estar siempre abierto al aprendizaje
y a la enseñanza para encontrar el mejor modo de alcanzar las metas.
- Iniciativa. No espera que las oportunidades se le presenten, las
busca y las crea.
- Optimismo. Encarna lo que lo que los caracteres en chino reflejan
al escribir crisis: Peligro + Oportunidad. No como acto solo de la voluntad
sino con un auténtico compromiso con el aprendizaje y con la flexibilidad para
afrontar nuevas realidades que se presentan día a día.
Si a estas características adicionamos el amor a las personas, el respeto del
otro como un “auténtico otro”, la capacidad de escuchar dispuesto a ser
transformado dentro de un marco de respeto a sí mismo y a los demás, la
impecabilidad en el cumplimiento de sus compromisos, la justicia de sus
decisiones y el ser ejemplo permanente en sus acciones, podemos estar seguros
de que estamos parados frente a un LIDER, sin importar su posición en el
organigrama de una empresa.
* Especialista en Desarrollo Organizacional y Coaching ejecutivo. Socia de Mition.
Extraido de materiabiz










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